Como os comenté a la vuelta de NY, si hay algo que hicimos, y que hicimos bien, fue comer. Hay que reconocer que íbamos bien preparadas para eso.
Teníamos recomendaciones de hermanos y amigos, direcciones obtenidas en internet y la guía Routard. De todos los sitios en los que hemos desayunado, comido o cenado, pocos nos han defraudado, y si tengo que contaros los preferidos… ¡No sé por cual empezar!
Como soy de Bilbao y me gusta todo a lo grande, empezaré por el primero que nos sorprendió por su tamaño, el “Junior’s” en Brooklyn. Brooklyn lo visitamos al cuarto día, y hasta entonces habíamos compartido muchos platos y nos habíamos “controlado” bastante bien a la hora de pedir comida. Cuando llegamos aquí para comer (a las 16h, una de esas maravillas americanas y que tanto se echan de manos en tierra de croissants, comer a la hora que sea) lo hicimos siguiendo el consejo de la Routard ya que lo ponía como el “mejor cheesecake” de New York y además tenia esa pinta de dinner que a Boulognesa tanto le apetecía experimentar.
Pedir fue difícil, el menú consiste en más de 7 páginas de platos, y hay tantos que suenan tan bien. Cuando por fin nos decidimos (lista de guarniciones incluidas) empezaron a traernos los “entrantes” para acompañar y los panes. Creíamos morir. Pepinillos XXXL, coleslaw, remolacha… y los panecillos, hay madre del bolso perfecto, ¡que pan! Fue probarlo y los ojos se nos agrandaron como platos, aspirábamos hasta las migas del mantel y aquello no había hecho más que comenzar.
Cuando al fin (que no tardaron nada) llegaron los platos, no sabíamos donde meternos. ¿Aquello eran raciones individuales? Podíamos comer las 3 de un solo plato. Como pensareis que exagero, yo os dejo las fotos, juzgar por vosotros mismos.
Obviamente, no pudimos acabar con nuestros platos, hubiésemos explotado allí mismo, aunque el camarero nos felicitó y nos dijo que no lo habíamos hecho nada mal. Como de allí no podíamos irnos sin probar la razón de ir, nos pedimos un trozo de cheesecake para las tres.
Alucinante.
No me extraña que lleve el titulo de mejor cheescake. Si no había sitio en los estómagos se hizo tras el primer bocado solo para poder comer más.

Tan bueno estaba que nos compramos una tarta entera para llevar a casa y desayunar al día siguiente (y la pobre no solo la desayunamos sino que la atacamos un día mas tarde a la llegada a casa a las 4 de la mañana tras la noche de fiesta, pero esa es otra historia).
Así que si queréis experimentar una experiencia única, no dejéis de pasaros por Junior’s en Brooklyn, id con mucha hambre, y si sois de poco comer, compartir.